De los números romanos a la escala francesa: cómo se gradúa la dificultad

31 de agosto de 2025by SkalaAdmin

Hoy decimos «un 6b» o «un 7a» con naturalidad, pero la manera de medir la dificultad en la escalada tiene su propia historia. Detrás de cada grado hay décadas de debate y de evolución a medida que los escaladores empujaban los límites.

Los primeros sistemas

En los primeros tiempos del alpinismo, la dificultad se describía de forma bastante intuitiva: fácil, difícil, muy difícil. A medida que la práctica se extendió, hizo falta un lenguaje más preciso. Uno de los sistemas más influyentes fue el de Willo Welzenbach, que en 1925 propuso una escala de seis grados con números romanos (de I a VI), pensada inicialmente para la escalada en los Alpes.

Este sistema, adoptado y adaptado después por la UIAA (la Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo), se convirtió durante décadas en la referencia para muchos escaladores europeos.

El techo que dejó de serlo

El grado VI se concibió como el límite de lo humanamente posible. Pero la escalada evolucionó: mejoró el entrenamiento, el material y la técnica, y los escaladores comenzaron a resolver recorridos que superaban ese «techo». Hizo falta ampliar la escala, añadiendo VII, VIII, IX y más.

Al mismo tiempo, la necesidad de distinguir entre vías de dificultad similar hizo que se introdujeran subdivisiones. Así surgieron las escalas con letras y signos: la escala francesa actual (4, 5, 6a, 6a+, 6b, 6b+, 6c, 7a…) permite una graduación mucho más fina, y es la más utilizada en la escalada deportiva europea.

Distintos sistemas para distintos lugares

  • Escala francesa: la más extendida en Europa para escalada deportiva.
  • Escala UIAA: sigue utilizándose en algunos países, sobre todo en Centroeuropa.
  • Escala YDS: el sistema decimal de Yosemite, usado en Estados Unidos.
  • Fontainebleau y escala V: para el búlder.

Existen tablas de equivalencia, pero son aproximadas: cada sistema nació con una filosofía distinta y no todos miden exactamente lo mismo.

Qué nos enseña esta historia

  • Los grados son una convención humana, no una medida física exacta.
  • Los límites se desplazan a medida que la práctica evoluciona.
  • La graduación es siempre una opinión consensuada, que se revisa con el tiempo.

Por eso, conviene usarlos como guía, no como un juez.

En el rocódromo, la misma lógica

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