En el borde del Prepirineo oscense, los Mallos de Riglos se alzan como enormes torres de conglomerado rojizo de unos 300 metros. Son una de las grandes referencias de la escalada en España, y su historia es una buena excusa para recordar de dónde viene este deporte.
Una pared que pedía historia
Los Mallos de Riglos llamaron la atención de los primeros montañeros españoles a comienzos del siglo XX. Con material rudimentario (cuerdas de cáñamo, calzado de montaña, clavos forjados) las ascensiones eran empresas largas y arriesgadas. Aquellas primeras generaciones aprendieron a base de ensayo y error, y a menudo con mucha más audacia que información.
La escalada en Riglos se consolidó después como una de las escuelas clásicas de la roca española, y hoy sigue recibiendo escaladores durante todo el año. Si te interesa profundizar en las fechas y nombres exactos de las primeras ascensiones, los archivos de las federaciones de montaña y los libros de historia del alpinismo son la mejor fuente: aquí nos quedamos con la lección general.
Lo que cambió: del cáñamo al arnés
- Cuerdas: de fibras naturales, que se degradaban con la humedad y soportaban poco una caída, a cuerdas dinámicas modernas diseñadas para absorber energía.
- Protecciones: de clavos y mosquetones artesanales a anclajes certificados y sistemas de aseguramiento asistido.
- Calzado: de botas de montaña a pies de gato de goma técnica.
- Información: de la tradición oral a reseñas, topos y comunidades en línea.
Esa evolución no solo hizo más cómoda la escalada; la hizo más segura y, con ello, más abierta a todo el mundo.
Lo que no cambia
Pese a los avances, algunas cosas permanecen: la necesidad de preparar la cabeza, de respetar la montaña, de cuidar al compañero de cordada y de entender que cada ascensión tiene su ritmo. Esa ética, transmitida de generación en generación, sigue siendo el corazón de la escalada.
Entrenar hoy, soñar con Riglos mañana
Quien sueña con paredes como las de Riglos necesita construir una base: fuerza específica de dedos y antebrazos, resistencia, técnica de pies y una buena gestión del miedo. Un rocódromo es el lugar donde todo eso se puede entrenar con seguridad, sin depender de la meteorología ni de las horas de luz.
En SKALA ROCO hay paredes de hasta 20 metros y autoaseguradores, además de zona de boulder, para practicar la resistencia y la técnica durante todo el año. Y si quieres ver cómo entrenamos y qué retos montamos, síguenos en Instagram.
Una invitación
La próxima vez que subas a una vía de colores, recuerda que detrás de cada agarre, cada cuerda y cada anclaje hay décadas de aprendizaje colectivo. Las primeras cordadas no tenían nada de eso y aun así llegaron arriba. Nosotros tenemos mucho más a favor: lo mínimo que podemos hacer es disfrutarlo.



