De los sótanos a los grandes centros: la historia de los rocódromos

12 de julio de 2026by SkalaAdmin

Hoy parece lo más natural del mundo: entras a un edificio, te pones los pies de gato y trepas por un muro con presas de colores. Pero el rocódromo moderno tiene una historia relativamente corta y bastante curiosa. Repasamos cómo se llegó hasta aquí.

Los primeros muros: entrenar cuando no se podía escalar

Los escaladores siempre han buscado maneras de entrenar cuando el mal tiempo, el invierno o la distancia les alejaban de la roca. Al principio se utilizaban paredes de edificios, muros de piedra o ladrillo, e incluso construcciones improvisadas con piedras encajadas. Con frecuencia se cita como uno de los primeros muros construidos con fines de escalada el de la Universidad de Leeds, en el Reino Unido, en la década de 1960.

Aquellos primeros muros eran muy diferentes de los actuales: superficies de ladrillo u hormigón con agarres rudimentarios, pensadas para trabajar fuerza y técnica de forma básica.

Presas de resina y paneles: la revolución de los años 80 y 90

El gran salto llegó cuando se empezaron a fabricar presas de resina que se podían atornillar a paneles. De repente era posible cambiar los recorridos con facilidad, graduar la dificultad y ofrecer una experiencia más variada. Esto abrió la puerta a la escalada indoor como actividad en sí misma, no solo como entrenamiento.

En esa época, además, se desarrollaron las primeras competiciones de escalada en estructuras artificiales, que ayudaron a profesionalizar el deporte y a atraer público.

Del club de escaladores al centro de ocio

A medida que el deporte creció, los rocódromos se transformaron. Lo que antes era una sala pequeña y funcional para escaladores empezó a convertirse en un espacio abierto a todo tipo de público: familias, niños, grupos de amigos, empresas y colegios. Los centros incorporaron zonas de boulder, vías largas, gimnasio, cafetería y actividades dirigidas.

Qué ha cambiado en los rocódromos modernos

  • Seguridad: colchonetas más gruesas, sistemas de autoaseguramiento y personal formado.
  • Diseño: volúmenes, inclinaciones variadas y circuitos por colores que facilitan la progresión.
  • Accesibilidad: actividades para niños, familias y principiantes, no solo para expertos.
  • Comunidad: el rocódromo es un lugar de encuentro más allá del deporte.

Un deporte olímpico

La consagración llegó con la inclusión de la escalada deportiva en los Juegos Olímpicos de Tokio, celebrados en 2021. Competir en un formato indoor ha dado visibilidad al deporte y ha atraído a nuevos públicos que antes no se planteaban probar.

Y en Burgos

En Burgos, esa evolución se ha reflejado en centros como SKALA ROCO, un rocódromo de gran formato con más de 2.000 m² de escalada, vías de hasta 20 metros, zona de boulder, gimnasio y zona infantil. Es un buen ejemplo de hasta dónde ha llegado el modelo: un lugar donde puede entrenar un escalador avanzado y donde un niño de cuatro años da sus primeros pasos en la vertical.

Si quieres vivirlo en primera persona, consulta nuestras tarifas o síguenos en Instagram. Quién sabe: igual el próximo capítulo de la historia lo escribe alguien que empezó aquí.

Conoce SKALA ROCO

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